jueves, 4 de mayo de 2017

* Campamento de Verano de la Pastoral Juvenil - Diócesis de Guadix



CAMPAMENTO DE VERANO - Huellas
del 17-21 de Julio
San Juan de los Terreros
Almería
Organiza: Secretariado de Infancia y Juventud
DIÓCESIS DE GUADIX
+ Info: pjguadix@gmail.com

sábado, 29 de abril de 2017

* MISI - Evangelio III Domingo de Pascua Lc 24, 30-31

Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan.

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:

-«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»

Él les preguntó:

-«¿Qué?

Ellos le contestaron:

-«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»

Entonces Jesús les dijo:

- «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, el hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron:

- «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

- «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

sábado, 22 de abril de 2017

* MISI - Evangelio II Domingo de Pascua Jn 20, 29

Jn 20,19-31: A los ocho días, llegó Jesús.

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-Paz a vosotros.

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

-Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

-Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

-Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

-¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

domingo, 16 de abril de 2017

* MISI - Evangelio Domingo de Resurrección Jn 20, 1-9

Jn 20,1-9: El había de resucitar de entre los muertos.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quita del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien tanto quería Jesús, y les dijo: -”Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto.” Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las venda en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con el que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

sábado, 8 de abril de 2017

* MISI - Evangelio Domingo de Ramos Mt 21,1-11

Mt 21,1-11: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:

-«Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.»

Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:

«Decid a la hija de Sión: "Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila".»

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:

-«¿Quién es éste?»

La gente que venía con él decía:

-«Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»

sábado, 1 de abril de 2017

* MISI - Evangelio V Domingo de Cuaresma Jn 11, 1-45

Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida.

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que un­gió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el en­fermo era su hermano Lázaro.

Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

-«Señor, tu amigo está enfermo.»

Jesús, al oírlo, dijo:

-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.

Sólo entonces dice a sus discípulos:

-«Vamos otra vez a Judea.»

Los discípulos le replican:

-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?»

Jesús contestó:

-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.»

Dicho esto, añadió:

-«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»

Entonces le dijeron sus discípulos:

-«Señor, si duerme, se salvará.»

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús les replicó claramente:

-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.»

Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

-«Vamos también nosotros y muramos con él.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Be­tania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros"; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo:

-«Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:

-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice:

-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siem­pre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó:

-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

-«El Maestro está ahí y te llama.»

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa conso­lándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adon­de estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acom­pañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:

-«¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

-«Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

-«¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cu­bierta con una losa.

Dice Jesús:

-«Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice:

-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»

Jesús le dice:

-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para haya que crean que tú me has enviado. »

Y dicho esto, gritó con voz potente:

-«Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.

Jesús les dijo:

-«Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

sábado, 25 de marzo de 2017

* MISI - Evangelio IV Domingo de Cuaresma Jn 9, 1-41


Jn 9,1-–41: Fue, se lavó y volvió con vista.

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.

Y sus discípulos le preguntaron:

-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»

Jesús contestó:

-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mien­tras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:

-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían:

-«El mismo.»

Otros decían:

-«No es él, pero se le parece.»

Él respondía:

-«Soy yo.»

Y le preguntaban:

-«¿Y cómo se te han abierto los ojos?»

Él contestó:

-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »

Le preguntaron:

-«¿Dónde está él?»

Contestó:

-«No sé.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:

-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»

Algunos de los fariseos comentaban:

-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»

Otros replicaban:

-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»

Él contestó:

-«Que es un profeta.»

Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y le preguntaron:

-«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»

Sus padres contestaron:

-«Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.»

Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; por­ que los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien re­ conociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »

Contestó él:

-«Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.»

Le preguntan de nuevo:

-¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»

Les contestó:

-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué que­réis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?»

Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:

-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moi­sés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabe­mos de dónde viene.»

Replicó él:

-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»

Le replicaron:

-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lec­ciones a nosotros?»

Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»

El contestó:

-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo:

-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»

Él dijo:

-«Creo, Señor.»

Y se postró ante él.

Jesús añadió:

-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos. »

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:

-«¿También nosotros estamos ciegos?»

Jesús les contestó:

-«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

sábado, 18 de marzo de 2017

* MISI - Evangelio III Domingo de Cuaresma Jn 4, 5-42

Jn 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Si­car, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el ma­nantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

-«Dame de beber.»

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice:

-«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? »

Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó:

-«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. »

La mujer le dice:

-«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó:

-«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice:

-«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que ve­nir aquí a sacarla.»

Él le dice:

-«Anda, llama a tu marido y vuelve.»

La mujer le contesta:

-«No tengo marido.»

Jesús le dice:

-«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

La mujer le dice:

-«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron cul­to en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice:

-«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salva­ción viene de los judíos.

Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto soy deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice:

-«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo. »

Jesús le dice:

-«Soy yo, el que habla contigo.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera ha­blando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas? »

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

-«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?»

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

-«Maestro, come.»

Él les dijo:

-«Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.»

Los discípulos comentaban entre ellos:

-«¿Le habrá traído alguien de comer?»

Jesús les dice:

-«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cose­cha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo sala­rio y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mis­mo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testi­monio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se que­dara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

-«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

domingo, 12 de marzo de 2017

* MISI - Evangelio II Domingo de Cuaresma Mt 17, 1-9

Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: -«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: -«Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

jueves, 9 de marzo de 2017

sábado, 4 de marzo de 2017

* MISI - Evangelio I Domingo de Cuaresma Mt 4, 1-11

Mt 4,1-11: Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado.

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

-«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. »

Pero él le contestó, diciendo:

-«Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda pa­labra que sale de la boca de Dios."»

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:

-«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encar­gara a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, pa­ra que tu pie no tropiece con las piedras. " »

Jesús le dijo:

-«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."»

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:

-«Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»

Entonces le dijo Jesús:

-«Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adora­rás y a él solo darás culto."»

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

miércoles, 1 de marzo de 2017

* MISI - Evangelio VIII Domingo de Mt 6, 24-34

Mt 6,24-34: No os agobiéis por el mañana.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mi­rad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embar­go, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vues­tro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.

Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, por­que el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

sábado, 18 de febrero de 2017

* MISI - Evangelio VII Domingo del tiempo Ordinario Mt 5, 38-48

Mt 5,38-48: Amad a vuestros enemigos.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vues­tros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»